Radiante

La ciudad. El caos. La gente. El espacio íntimo. Dar órdenes. Pendejear con dulces. Las reuniones bobas. Las risas. La competencia de temperamentos. Experimentos sexuales. Revivir perversiones. Carcajadas. Noches olvidadas por el etanol. Sonreir. Tranquilidad. Placeres sencillos.

Y todo eso, me da razones para sentirme radiante.

Hasta que el espejo me dice que no me engañe. El brillo es artificial.

Por lo pronto, lo disfruto.

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