El 2011
Me volví a ir.
Ahora a la ciudad más caótica, contaminada, saturada y hermosa que he visto. Doce meses de dulce romance con la Ciudad de México.
Tuve cerca a esos amigos que solían estar intangiblemente.
La Roma, Coyoacán, Centro Histórico, Polanco, la Condesa, la Nápoles. Antes, me comía el mundo a ciudades; el D.F. me enseñó a hacerlo a barrios.
Me desprendí de Barcelona aunque la sigo teniendo muy adentro.
Cumplí mi objetivo al regresar de España: el equilibrio entre estar conmigo y con los míos.
Entré a trabajar a la agencia de publicidad mexicana mejor cotizada. Eso qué, pero pues, qué.
Otra vez me fui.
Guadalajara.
Después de cuatro años, miles de kilómetros recorridos, decenas de bocas e infinidad de singanas, me enamoré. Con tanta fuerza que no sé cómo la contengo en mis pequeñas manos. Fluyo, me tropiezo, me lleno de dudas, entro en pánico, vuelvo a la paz. Dopamina, gracias por reactivarte. Tú, gracias por volverte incierta certeza.
Año redondo pero,
¿cuándo nos vamos a quedar?
Aún no hay trackbacks